Te aconsejamos tener siempre todos los ingredientes preparados, es decir, medidos y pesados los que sean necesarios y todos a mano, para que la elaboración sea rápida y que no se nos olvide ninguno de los ingredientes. En este caso la mantequilla y los huevos deben estar fuera del frigorífico para emplearlos a temperatura ambiente, así que tenlo en cuenta y sácalos antes de nada.
Vamos a coger un recipiente amplio dónde podamos batir los ingredientes, bien sea con varillas manuales o automáticas. Siempre es más rápida la segunda opción, con la que se consigue además una mejor mezcla de todo. Nosotros vamos a emplear una amasadora con varillas.
Lo primero que tenemos que verter en el vaso será la mantequilla junto al azúcar, y batiremos hasta que se integren formando una masa cremosa. Una vez hecho esto, agregaremos los huevos, volviendo a batir con las varillas hasta que la masa que se obtiene sea homogénea y dónde todo esté bien mezclado.
En un recipiente aparte tenemos que cernir la harina, con lo que conseguiremos filtrarle las impurezas o grumos que pudiera tener, ya que la harina suele apelmazarse con el tiempo y no queremos encontrarnos esos molestos grumos luego en las galletas. Una vez tamizada, la añadimos poco a poco en el vaso donde batimos todo lo anterior, y volvemos a emplear las varillas para que se vaya mezclando perfectamente. Añade también un toque de canela en polvo, una o dos cucharaditas rasas, según quieras un sabor más o menos intenso. Al final tiene que quedarnos una masa perfectamente homogénea y algo pegajosa.
Vamos a amasarla con las manos, con paciencia y esmero, durante unos minutos. Emplead algo de harina para que no se os pegue la masa en la mano. Al acabar haz una bola con ella, o dos para que resulten más manejables, y mete cada una de ellas en papel de horno. Cúbrelas con este papel y estíralas empleando un rodillo de cocina. Cuando las tengas bien extendidas, déjalas reposar durante una hora o así, mejor si las metes en la nevera.

yhgyrewewsseyyhgy
ResponderEliminar